Cuando una empresa piensa en homologación, suele enfocarse primero en ensayos, certificados o plazos. Sin embargo, en la práctica, la identificación del vehículo es una de las bases del expediente. El trámite argentino de LCM/CVHE exige la planilla de descripción del VIN, y el modelo actualizado de LCM pide además explicar el significado de los dígitos, indicar dónde está grabado el VIN y dónde se ubican las etiquetas VIS de seguridad.
¿Qué es el VIN y qué parte cumple el WMI?
El VIN es la secuencia de 17 caracteres que identifica al vehículo. En normativa vigente, Argentina lo define como una secuencia de 17 dígitos conforme a ISO 3779; además, distingue al WMI como la identificación del fabricante contenida en los tres primeros caracteres, y al VDS como la sección descriptiva de los dígitos 4 al 9. A nivel internacional, ISO 3780 establece justamente que el WMI es la primera sección del VIN.
¿Por qué esta identificación importa tanto en una homologación?
Porque la homologación no solo evalúa seguridad: también necesita trazabilidad documental. La propia tramitación de LCM pide una planilla de descripción del VIN, y la Resolución 271/2025 incorpora en su modelo de licencia referencias explícitas a versiones identificadas según los códigos WMI y VDS. Dicho de otro modo: no alcanza con “tener un número de chasis”; hay que demostrar cómo se construye, qué versión representa y dónde queda físicamente identificado en el vehículo.
¿Quién asigna el WMI?
En el plano internacional, ISO 3780 prevé que el estándar sea administrado por una autoridad de registro o mantenimiento. En la práctica, para fabricantes que operan bajo esquemas internacionales de VIN, NHTSA informa que el fabricante debe solicitar a SAE la asignación del WMI, y que SAE confirma esa asignación por escrito. Esto explica por qué el WMI no es un detalle gráfico: es una pieza central de la identificación global del fabricante.
¿Qué errores suelen complicar un expediente?
Los problemas más comunes aparecen cuando la lógica del VIN no coincide con la documentación técnica que acompaña el trámite, cuando no está clara la correspondencia entre versión comercial y versión identificada en WMI+VDS, o cuando la empresa no documenta correctamente el lugar de grabado y las etiquetas VIS exigidas por el modelo actual. No siempre eso implica rechazo definitivo, pero sí puede generar observaciones, rectificaciones o retrabajos evitables. Por eso, conviene definir la matriz VIN antes de presentar la homologación, no después.
¿Qué debería revisar una empresa antes de iniciar?
Antes de abrir el trámite, vale la pena verificar cuatro cosas: que la lógica del VIN esté cerrada, que el WMI y el VDS identifiquen bien a las versiones que efectivamente se van a comercializar, que exista respaldo documental de la ubicación del grabado y de las etiquetas, y que esa misma estructura coincida con catálogos, planos y formularios. En homologación, una identificación mal resuelta no es un detalle menor: es una fuente clásica de demoras administrativas.